
Ayer el mandatario chileno Gabriel Boric decretó oficialmente el estado de catástrofe constitucional para las regiones de Ñuble y Biobío, ubicadas aproximadamente a 500 kilómetros al sur de Santiago, donde los incendios forestales han alcanzado una magnitud crítica que supera la capacidad operativa normal de respuesta.
Los incendios, alimentados por altas temperaturas y fuertes vientos, han originado al menos 16 fallecidos —cifra que autoridades advierten podría aumentar— y obligado a evacuar a cerca de 50 000 personas de sus hogares, según informes oficiales. El fuego ha consumido amplias zonas de vegetación y afectado alrededor de 250 viviendas, especialmente en localidades como Penco y Lirquén dentro de la región del Biobío.
Las condiciones climáticas adversas han complicado las labores de brigadistas forestales y bomberos, con cerca de 19 focos activos registrados, de los cuales 12 se concentran en las zonas más afectadas.
El estado de catástrofe habilita al Ejecutivo a movilizar recursos excepcionales, incluyendo apoyo logístico y operativo de las Fuerzas Armadas, para reforzar la respuesta ante la emergencia y acelerar las tareas de evacuación, atención de damnificados y combate del fuego.
La medida fue compartida por el presidente Boric a través de su cuenta en X, donde señaló que “ante la gravedad de los incendios en curso, he decidido declarar estado de catástrofe en Ñuble y Biobío; todos los recursos del Estado están disponibles”, subrayando la prioridad de proteger a la población y contener la expansión de las llamas.
La declaración del estado de catástrofe también busca agilizar los procedimientos administrativos y financieros necesarios para enfrentar el desastre, así como facilitar la eventual asistencia internacional si fuera requerida en las próximas horas o días.