
Un caso clínico que ha conmocionado a la comunidad internacional vuelve a poner sobre la mesa los riesgos de la zoonosis. Una mujer, cuya identidad ha sido protegida en los reportes iniciales, sufrió la pérdida de sus brazos y piernas tras contraer la bacteria Capnocytophaga canimorsus. Este microorganismo, que habita de manera natural en la saliva de perros y gatos, ingresó a su torrente sanguíneo a través de una pequeña herida o mediante el contacto directo con sus mucosas tras abrazar y besar a su perro.
La infección desencadenó una sepsis severa, una respuesta inmunitaria extrema que provocó fallas multiorgánicas y una caída drástica de la presión arterial. La bacteria causó coágulos sanguíneos que obstruyeron la circulación hacia sus extremidades, provocando gangrena. "La progresión fue tan rápida que la única opción para detener la necrosis y mantenerla con vida fue la amputación de sus extremidades", explicaron los especialistas que atendieron la emergencia, subrayando que, aunque el caso es extremadamente raro, las consecuencias pueden ser devastadoras.
La Capnocytophaga canimorsus no suele afectar a personas con sistemas inmunológicos sanos; sin embargo, en individuos con defensas bajas, consumo crónico de alcohol o problemas en el bazo, la bacteria puede ser letal. Los síntomas iniciales suelen confundirse con una gripe fuerte, incluyendo fiebre, escalofríos y dolor muscular, pero evolucionan en cuestión de horas hacia manchas púrpuras en la piel y dificultad respiratoria.
Expertos veterinarios y médicos aclaran que esto no significa que las mascotas sean peligrosas, sino que se deben mantener prácticas de higiene básicas. Se recomienda evitar que los perros laman heridas abiertas, la cara o la boca de sus dueños, y mantener al día el esquema de desparasitación y limpieza de los animales. Actualmente, la paciente se encuentra en un largo proceso de rehabilitación física y psicológica, mientras su caso sirve como una advertencia global sobre los límites del contacto físico con animales domésticos.